viernes, 17 de junio de 2011

Rufino Blanco Fombona

(Caracas, 1874 - Buenos Aires, 1944) Escritor y diplomático venezolano, una de las figuras más destacadas del modernismo en su país.



Formado en Estados Unidos, marcado por las principales corrientes de pensamiento de su época (naturalismo, realismo, positivismo), elaboró una obra en la que alternan poemas y prosas, novelas y ensayos que se caracterizan por una firme voluntad de transformar su país e Hispanoamérica mediante el cultivo de la inteligencia y el conocimiento. Su obra entronca en este aspecto con las del argentino D. F. Sarmiento, el cubano J. Martí, el ecuatoriano J. Montalvo, el peruano M. González Prada y el puertorriqueño Eugenio María Hostos.

Miembro de una familia de rancio linaje, entre sus ancestros se contraban conquistadores españoles y próceres de la Independencia, juristas, diplomáticos y escritores notables. Sus padres, Rufino Blanco Toro e Isabel Fombona Palacio, le transmitieron desde su niñez la conciencia de pertenecer a una clase de venezolanos que tiene la obligación de intervenir política y culturalmente en la vida del país.

Después de cursar estudios elementales y medios en los colegios Santa María y San Agustín de Caracas, graduándose de bachiller en 1889, y de iniciar estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, Blanco Fombona tomó la decisión de ingresar en la Academia Militar. Con apenas dieciocho años, intervino en la Revolución Legalista (1892) e inició su andadura al servicio del Estado: ese mismo año partió a Estados Unidos para asumir su primer cargo diplomático como cónsul en Filadelfia, y desde Filadelfia envió el poema "Patria" a un concurso destinado a celebrar el centenario del nacimiento de Antonio José de Sucre, obteniendo el primer premio. A su regreso a Caracas, en 1895, se sumó al equipo de colaboradores de la revista El Cojo Ilustrado.

En 1899 apareció publicado en Caracas su primer libro de creación, Trovadores y trovas, en el que reunió poemas y prosas, y al año siguiente su primera obra narrativa, el libro de relatos Cuentos de poeta, al que siguió, en 1904, Cuentos americanos. En ese mismo año publicó Pequeña ópera lírica, que marcó el inicio de su madurez poética y que fue saludado por Rubén Darío, quien firmó su prólogo.

De estos dos primeros libros de poesía extrajo y publicó en París, en edición bilingüe, una selección:Au-delà des horizons. Petits poèmes lyriques (1908), y simultáneamente dio una primera recopilación de sus artículos publicados hasta la fecha, Letras y letrados de Hispanoamérica. Para escribir su primera novela, El hombre de hierro (1907), tuvo que vivir la cárcel en Ciudad Bolívar, adonde le condujo su decidida y temeraria actuación, como gobernador de la región amazónica, contra el monopolio del caucho.

Cuando Juan Vicente Gómez dio el golpe de estado que lo llevó al poder, no vaciló en pedir ayuda al ejército de Estados Unidos, que envió buques de guerra a los principales puertos del país. Blanco Fombona, quien a la sazón era secretario de la Cámara de Diputados, consideró que este acto entrañaba una inadmisible violación de la soberanía del estado venezolano, y así lo argumentó en una carta de protesta. Ello le valió ser desterrado del país, al que no pudo volver durante veintiséis años.

Vivió este largo exilio primero en París (1910-1914), ciudad con la que mantuvo estrechos lazos durante toda su vida, y posteriormente en Madrid (1914-1936). De lo mucho realizado por Blanco Fombona durante esta segunda etapa, cabe destacar no sólo libros suyos fundamentales, como el libelo antigomecista Judas capitolino (1912); los poemariosCantos de la prisión y del destierro (1911) y Cancionero del amor infeliz (1918), escrito con motivo del trágico suicidio de su joven esposa; los libros de relatosDramas mínimos (1920) y Tragedias grotescas (1928), y las novelas El hombre de oro (1915), La mitra en la mano (1927), La bella y la fiera (1931) y El secreto de la felicidad (1933), sino también sus actividades como editor al frente de la editorial América.
También en estos años cobra cuerpo uno de sus proyectos más caros: reivindicar la dimensión literaria y política de la obra de Simón Bolívar, de quien editó las Cartas (1913, 1921, 1922) y los Discursos y proclamas (1913), así como una recopilación de ensayos sobre el Libertador en la que aparecían reunidos por primera vez textos de Juan Montalvo, José Martí, José Enrique Rodó, entre otros (1914).


Cuando regresó a Venezuela, a pesar de la buena acogida que recibió en círculos oficiales, de su ingreso en la Academia Nacional de la Historia (1939) y de un nuevo cargo diplomático en Uruguay, Blanco Fombona se recluyó cada vez más en sus investigaciones históricas; en su Diario, del que publicó una tercera entrega, y en la poesía: su canto de cisne, aparecido meses antes de que un infarto lo sorprendiera en la capital argentina, es Mazorcas de oro, recopilación de viejos y nuevos poemas. Su candidatura en 1925 al Premio Nobel de Literatura, propuesta por notables escritores españoles e hispanoamericanos, desgraciadamente no prosperó.

Su obra

Rufino Blanco Fombona se sorprendería seguramente si pudiera ver sobre qué parte de su vasta obra se asienta hoy su reputación literaria. Para nuestros contemporáneos, lo mejor del autor de los poemas de Pequeña ópera lírica y de las novelas El hombre de hierro y El hombre de oro no está contenido en las páginas de estos libros, sino en sus Diarios. Cerca de un millar de páginas componen esta singular obra, que él mismo se encargó de ir dando a la imprenta en tres entregas: Diario de mi vida. La novela de dos años (1904-1905) (1929), Camino de imperfección(1933) y Dos años y medio de inquietud (1942).

Blanco Fombona fue un modernista cabal, y como tal consideraba que el arte era importante en la medida en que lograba dar un reflejo de la personalidad de su autor en lo que de original y único pueda tener. De ahí que cultivara el diario y las memorias, de ahí también que trufara todas sus novelas de intempestivas irrupciones del autor en forma de alegatos contra este o aquel vicio de la sociedad o la época. Pero también, como fiel seguidor de esa concepción del arte y la literatura que había forjado Rubén Darío, consideraba que la originalidad y fuerza de un escritor se sostenía en la calidad de su obra poética. Hoy, salvo los estudiosos, pocos lectores frecuentan esa parte de sus escritos, en la que este sagaz diplomático e inmenso escritor, que dejó cerca de 35 libros y que cultivó con talento y erudición, además de los géneros memorialistas, la novela, el cuento, la poesía y el ensayo literario e histórico, basaba sus esperanzas de pasar a la posteridad.

Como poeta, es uno de los paladines americanos del modernismo. Destacan sus primeros libros de poesía,Trovadores y trovas (1899) y Pequeña ópera lírica(1904) con prólogo de R. Darío, y posteriormente losCantos de la prisión y del destierro (1911) y elCancionero del amor infeliz (1918) escrito con motivo del suicidio de su esposa. Como novelista, su personalidad literaria está seriamente afectada por la pasión política (El hombre de hierro y El hombre de oro); otros títulos de su prosa narrativa, inseparables de su pensamiento político, son: Cuentos Americanos(1904), Judas Capitolino (1912), Dramas mínimos(1920) La mitra en la mano (1931) y El secreto de la felicidad (1935). En sus cuentos y novelas se advierte la influencia de Maupassant y de Balzac principalmente; en ellas vemos expuesto el credo naturalista y pesimista de que el triunfo es la recompensa que cosechan los elementos más corruptos y viles de la sociedad.

En su valoración de la historia y destino de las naciones hispanoamericanas, exaltó en el ideario de Simón Bolívar, de cuya obra fue uno de los primeros editores sistemáticos. Oponía el "proyecto panhispanista" al "panamericanismo" de raigambre estadounidense, y exaltó asimismo la labor de los conquistadores españoles, fundadores de una comunidad de la que emergieron las nuevas repúblicas.

Estas ideas irrigan toda su producción, y sobresalen con particular vigor en la que es su obra maestra: elDiario de mi vida (1929, 1933, 1991), que escribió a lo largo de una agitada biografía de exilios y luchas políticas, que lo llevó a residir, desempeñando cargos diplomáticos, en Holanda, Estados Unidos, República Dominicana, Francia, España, Uruguay y Argentina, además de ocupar cargos públicos en su país, en los breves lapsos en que le fue posible desempeñarlos a salvo de persecuciones políticas.

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