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miércoles, 31 de agosto de 2011

Poema: Cabaret Modernista de Ramiro Fonte

En los cafés, oasis de inutilidades ruidosas, Pessoa -Alvaro de Campos.



La ciudad proyectaba esta tragedia
al inicio del otoño con el paisaje
de los cafés soñolientos
recién llegada la noche
en las almas despobladas. Eran todos
los mismos personajes de novela
en otra hora muerta pero un poco
románticos y viejos.
Conformaba
el acto y la parábola
aquella singladura de cualquier extranjero
que nombrara los días en los que fuimos
islas cercadas por la fiebre del otoño.
Solitarios ojos de dama
que alguien recordaba tristes o azules en enero
eran ahora un río perdido.
La diletancia
cercaba semejante metamorfosis.
En lo más profundo de los vasos la evocación al mito
en la otra orilla de la noche que se abría
por caminos de gárgolas.
Los pasos
dejaban una estela de carcajadas.
Y el arte de magia de aquel telón
que nunca cae dejaba embelesado
a tan glorioso público.
Así se deslizaba el tiempo en calendarios
con lámina de algún impresionista francés
donde medir los días que caían
  como lluvia incesante
en sus grises corazones.

Poema de: As cidades da nada, 1983.

Ramiro Fonte Crespo fue poeta, narrador, ensayista. Licenciado en filosofía y artes. Estudioso de la literatura gallega. Fue fundador del colectivo poético Cravo Fondo. Como narrador se dió a conocer en 1986 con el relato "El retornado", merecedor del Premio Modesto R. Figueiredo. Nació en España en el año 1957 y falleció el 11 de cotubre de 2008.

martes, 30 de agosto de 2011

Poema: El viento y el alma de Luis Cernuda


Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

sábado, 27 de agosto de 2011

Poema del Otoño de Rubén Darío


                                        Tú, que estás la barba en la mano 

meditabundo, 
¿has dejado pasar, hermano, 
la flor del mundo? 


Te lamentas de los ayeres 
con quejas vanas: 
¡aún hay promesas de placeres 
en los mañanas! 


Aún puedes casar la olorosa 
rosa y el lis, 
y hay mirtos para tu orgullosa 
cabeza gris. 


El alma ahíta cruel inmola 
lo que la alegra, 
como Zingua, reina de Angola, 
lúbrica negra. 


Tú has gozado de la hora amable, 
y oyes después 
la imprecación del formidable 
Eclesiastés. 


El domingo de amor te hechiza; 
mas mira cómo 
llega el miércoles de ceniza; 
Memento, homo... 


Por eso hacia el florido monte 
las almas van, 
y se explican Anacreonte 
y Omar Kayam. 


Huyendo del mal, de improviso 
se entra en el mal, 
por la puerta del paraíso 
artificial. 


Y no obstante la vida es bella, 
por poseer 
la perla, la rosa, la estrella 
y la mujer. 


Lucifer brilla. Canta el ronco 
mar. Y se pierde 
Silvano, oculto tras el tronco 
del haya verde. 


Y sentimos la vida pura, 
clara, real, 
cuando la envuelve la dulzura 
primaveral. 


¿Para qué las envidias viles 
y las injurias, 
cuando retuercen sus reptiles 
pálidas furias? 


¿Para qué los odios funestos 
de los ingratos? 
¿Para qué los lívidos gestos 
de los Pilatos? 


¡Si lo terreno acaba, en suma, 
cielo e infierno, 
y nuestras vidas son la espuma 
de un mar eterno! 


Lavemos bien de nuestra veste 
la amarga prosa; 
soñemos en una celeste 
mística rosa. 


Cojamos la flor del instante; 
¡la melodía 
de la mágica alondra cante 
la miel del día! 


Amor a su fiesta convida 
y nos corona. 
Todos tenemos en la vida 
nuestra Verona. 


Aun en la hora crepuscular 
canta una voz: 
«Ruth, risueña, viene a espigar 
para Booz!» 


Mas coged la flor del instante, 
cuando en Oriente 
nace el alba para el fragante 
adolescente. 


¡Oh! Niño que con Eros juegas, 
niños lozanos, 
danzad como las ninfas griegas 
y los silvanos. 


El viejo tiempo todo roe 
y va de prisa; 
sabed vencerle, Cintia, Cloe 
y Cidalisa. 


Trocad por rosas azahares, 
que suena el son 
de aquel Cantar de los Cantares 
de Salomón. 


Príapo vela en los jardines 
que Cipris huella; 
Hécate hace aullar a los mastines; 
mas Diana es bella; 


y apenas envuelta en los velos 
de la ilusión, 
baja a los bosques de los cielos 
por Endimión. 


¡Adolescencia! Amor te dora 
con su virtud; 
goza del beso de la aurora, 
¡oh juventud! 


¡Desventurado el que ha cogido 
tarde la flor! 
Y ¡ay de aquel que nunca ha sabido 
lo que es amor! 


Yo he visto en tierra tropical 
la sangre arder, 
como en un cáliz de cristal, 
en la mujer 


Y en todas partes la que ama 
y se consume 
como una flor hecha de llama 
y de perfume. 


Abrasaos en esa llama 
y respirad 
ese perfume que embalsama 
la Humanidad. 


Gozad de la carne, ese bien 
que hoy nos hechiza, 
y después se tornará en 
polvo y ceniza. 


Gozad del sol, de la pagana 
luz de sus fuegos; 
gozad del sol, porque mañana 
estaréis ciegos. 


Gozad de la dulce armonía 
que a Apolo invoca; 
gozad del canto, porque un día 
no tendréis boca. 


Gozad de la tierra que un 
bien cierto encierra; 
gozad, porque no estáis aún 
bajo la tierra. 


Apartad el temor que os hiela 
y que os restringe; 
la paloma de Venus vuela 
sobre la Esfinge. 


Aún vencen muerte, tiempo y hado 
las amorosas; 
en las tumbas se han encontrado 
mirtos y rosas. 


Aún Anadiódema en sus lidias 
nos da su ayuda; 
aún resurge en la obra de Fidias 
Friné desnuda. 


Vive el bíblico Adán robusto, 
de sangre humana, 
y aún siente nuestra lengua el gusto 
de la manzana. 


Y hace de este globo viviente 
fuerza y acción 
la universal y omnipotente 
fecundación. 


El corazón del cielo late 
por la victoria 
de este vivir, que es un combate 
y es una gloria. 


Pues aunque hay pena y nos agravia 
el sino adverso, 
en nosotros corre la savia 
del universo. 


Nuestro cráneo guarda el vibrar 
de tierra y sol, 
como el ruido de la mar 
el caracol. 


La sal del mar en nuestras venas 
va a borbotones; 
tenemos sangre de sirenas 
y de tritones. 


A nosotros encinas, lauros, 
frondas espesas; 
tenemos carne de centauros 
y satiresas. 


En nosotros la vida vierte 
fuerza y calor. 
¡Vamos al reino de la Muerte 
por el camino del Amor!


jueves, 14 de julio de 2011


“¿Acaso los poetas no están siempre del lado de la justicia?”




Salvatore Quasimodo (Modica, Sicilia (Italia), 20 de agosto de 1901 – Amalfi, 14 de junio de 1968), poeta y periodista miembro del movimiento hermético italiano, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1959.

Esdras Parra



Poeta, ensayista, narradora y traductora venezolana nacida en Santa Cruz de Mora, Mérida en 1939. El ambiente rígido bajo el cual transcurrió su infancia, lo obligó a radicarse en Londres desde los diecisiete años, gracias a una beca obtenida en los años de escolaridad. Dueño de un carácter singular y una gran capacidad decisoria,  se sometió al cambio de sexo, adoptando desde entonces  una posición imperturbable y serena que la mantuvo alejada de cualquier situación que pudiese alterar su forma de vida.

Radicada de nuevo en Caracas, desarrolló una importante carrera literaria como ensayista y editora. Fue fundadora y directora de la revista Imagen, publicó varias obras de narrativa bajo los títulos "El insurgente" en 1967, "Por el norte el mar de las Antillas" en 1968 y "Juego limpio" en el mismo año. A partir de la década del noventa incursionó en la poesía con los siguientes volúmenes:  "Suelo secreto", premio de la II Bienal de Mérida en 1993; "Antigüedad del frío" en 2001 y "Aún no" en 2004. Falleció en noviembre de 2004, víctima de un cáncer. 

Qué violencia la de estas humaredas...

Qué violencia la de estas humaredas
avanzan apretadas
apagadas
descalzas

hay que olvidar la perspectiva del deseo inflamado
la permanencia de la llama compacta
son las herramientas de un recuerdo destruido
empujado hacia el polvo áspero
empujado por el amor al incendio
para complacer a las cenizas
si ese postigo no regresa
así ese calor nos expulsa de la madrugada.

martes, 7 de junio de 2011

"Lenguaje" de Fernando Lamberg


No es el idioma de la realidad;
se trata del intérprete.
Los datos están bien;
la materia no existe;
sólo hay una condensación de la energía;
por un momento se detiene a rueda del carruaje
y otra vez de repente
el sonido infinito de la energía circular,
nuevamente el camino
mientras la inmóvil figura del intérprete
permanece perpleja.
¿Qué es la luz?
¿Energía, materia;
golpea como una ola
o en lluvia de corpúsculos
cae sobre el tejado del universo?
¿Es sólo un movimiento,
el pliegue de un tejido sobre un brazo magnífico?
En su infinita variedad hablamos del rojo y el violeta;
asomamos apenas a la multiplicada riqueza.
Lo comprendo.
No es el idioma.
Se trata del intérprete.
Pero no pienses, realidad, que los sonidos infantiles,
el balbuceante lenguaje que bosqueja tu rostro,
seguirán siempre siendo un idioma de niños.
Tu soberana presencia continúa cantando.
Pegamos el oído a la garganta.
¿Podremos expresar, realidad, tu opulencia?
Si existiera el ángel del lenguaje
lucharíamos con él hasta el alba.
Acaso lograríamos una incierta victoria,
Tal vez rozar las plumas de sus radiantes alas.
Quiero tu bendición. Pretendo
conocer las palabras
que hacen surgir de pronto la verdad,
las sílabas, las frases que reluzcan
símbolo y contenido,
cáscara tan perfecta como el fruto,
ropaje que a la vez sea espíritu y cuerpo.
Si existiera el ángel del lenguaje.
Lo comprendo.
No es el idioma.
Se trata del intérprete.

Hoy recordamos al profesor Luis Fernando Lamberg, escritor chileno - venezolano quien falleció el pasado 20 de febrero. Ganador, entre otros, del Premio Municipal de Poesía de Santiago (Chile, 1966), Premio Casa de las Américas 1973 por su poemario Señores y señoras y del Premio Municipal de Teatro Fundarte (Venezuela, 2000). Nació el en Valparaíso, Chile, 7 de junio de 1928.

Links de interés:
http://fernandolamberg.blogspot.com/

lunes, 6 de junio de 2011

Como tú de Roque Dalton


Yo, como tú,
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.

Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.

Roque Dalton fue poeta, periodista, ensayista y novelista. Nació en San Salvador el 14 de mayo de 1935 y murió el 10 de mayo de 1975.

jueves, 2 de junio de 2011

Poema "Visión" de Julio Flores


¿Eres un imposible? ¿Una quimera?
¿Un sueño hecho carne, hermosa y viva?
¿Una explosión de luz? Responde esquiva
maga en quien encarnó la primavera.

Tu frente es lirio, tu pupila hoguera,
tu boca flor en donde nadie liba
la miel que entre sus pétalos cautiva
al colibrí de la pasión espera.

¿Por qué sin tregua, por tu amor suspiro,
si no habré de alcanzar ese trofeo?
¿Por qué llenas el aire que respiro?

En todas partes te halla mi deseo:
los ojos abro y por doquier te miro;
cierro los ojos y entre mí te veo.
Julio Flores fue un poeta boyacense (Chiquinquirá, mayo 22 de 1867 - Usiacurí, Atlántico, febrero 7 de 1923). Julio Flórez fue el séptimo de los diez hijos del médico liberal Policarpo María Flórez, presidente del Estado Soberano de Boyacá en 1871, y de Dolores Roa de Flórez, dama perteneciente al partido conservador colombiano. Educado bajo estricto control religioso en los colegios de Chiquinquirá, nacionalmente conocida como la Villa de los Milagros, y sede de la Orden Dominicana de sacerdotes católicos que administran la fe de los creyentes en el poder sobrenatural de la Virgen del Rosario, llamada la Patrona de Colombia, Julio Flórez recibió el don de la poesía, al igual que sus hermanos, entre los que se destacaron el médico Manuel de Jesús, el abogado Leonidas y el ingeniero Alejandro A. Flórez. A los 7 años escribió sus primeros versos conocidos. Durante 1879 y 1880 continuó sus estudios en el Colegio Oficial de Vélez, donde su padre era rector. En 1881 la familia se trasladó a Bogotá, donde el padre se desempeñó como representante a la Cámara por Boyacá; Julio entró a estudiar literatura en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y Alejandro A. fue a la Escuela Superior de Ingeniería Civil y Militar, donde cinco años más tarde se graduó como ingeniero. Las guerras civiles que azotaban el país desde los comienzos de la república, incidieron directamente en la población colombiana, afectando su estabilidad socio-económica y malogrando las probabilidades de educación. Julio Flórez tuvo que interrumpir sus estudios por esta causa y, dada la condición bohemia de su carácter, nunca retomó la senda académica, no conoció ninguna lengua extranjera y el estudio de los clásicos fue insuficiente como para medirse con algunos de sus contemporáneos que, con mejores oportunidades o mayores intereses culturales, lograron coronar una carrera profesional o, al menos, alcanzar un nivel de educación aceptable para las exigencias capitalinas. En cambio, comenzó a frecuentar los ambientes literarios donde entabló relaciones con personas de gran valor artístico y humano, como el poeta Candelario Obeso, quien no solamente recibió el rechazo general por su raza, sino también por refutar los cánones de vida ordenada impuestos por la Iglesia y la sociedad bogotana.
A partir de 1882 Flórez abandonó la casa paterna y pasó a compartir el hogar (y la excelente biblioteca) de su hermano Leonidas, al lado de sus sobrinos Esther y Leonidas Flórez Alvarez. Pero en 1883 la carrera fulgurante de este hombre público (abogado, cónsul y escritor) fue cortada trágicamente durante los disturbios políticos originados por la pugna de los tres candidatos a la Presidencia de la República (Rafael Núñez, José Eusebio Otálora y Solón Wilches), cuando Leonidas fue herido en un mitín armado que se presentó en la Plaza de Bolívar, a causa de cuyas secuelas moriría psicológicamente destruido cuatro años después. En 1884 Candelario Obeso se suicidó y en su sepelio el joven Julio Flórez, de 17 años, exaltó su memoria en versos emocionados. Esta primera irrupción en la tribuna pública marcó el principio de su carrera. En 1886 su nombre apareció entre los bardos consagrados en la antología poética La Lira Nueva, publicada por José María Rivas Groot. A partir de 1887 y tras la muerte de Leonidas, Julio Flórez dejó la casa fraterna y comenzó una vida independiente, sosteniéndose con el producto de su actividad artística, que en Colombia ha sido siempre mal reputada y peor remunerada. Así, atravesó una larga etapa de «hambres de poeta», como él la describiría posteriormente. Su gran orgullo político no le permitió claudicar de sus convicciones liberales para aceptar posiciones ofrecidas por el gobierno conservador, como un puesto en la Biblioteca Nacional o un consulado en el exterior. La racha de infortunios familiares continuó con la tragedia protagonizada por su hermano Alejandro A. en 1891. En 1892 murió el padre, en medio de hondas amarguras personales y de decepciones políticas producidas por el desastre que, según el partido liberal, significaba el gobierno de la Regeneración. De sus amores juveniles sólo quedan ligeras referencias en su biografía, contadas por su sobrino Leonidas Flórez y por él mismo, en reportaje que le hiciera en Panamá Luis Enrique Osorio, en 1922. Flórez fue un hombre de gran éxito con las mujeres, quienes lo adoraron y muchas estuvieron dispuestas a entregar hasta su honor con tal de conseguir su amor. Pero por la índole incorruptible de su educación católica, parece que tuvo conflictos para deslindar los conceptos de amor carnal versus amor platónico, y las relaciones que sostuvo durante sus 42 años de vida, antes de conocer a su esposa Petrona Moreno Nieto, revistieron siempre un carácter pasajero. El erotismo es uno de los rasgos más marcados de su poesía y la mórbida sensualidad de sus rimas sirvió muchas veces como piedra de escándalo para sus seguidores. Hoy ésta misma se ha convertido en la mayor fuente de sus éxitos.
En 1883 Flórez publicó su primer libro de poesía, Horas, cuyo título le sugirió José Asunción Silva. Flórez comprendió bien el espíritu de su amigo y su rechazo al ambiente bogotano, que le fuera tan hostil a quien algunos apodaban "José Presunción Silva". Cuando se suicidó Silva, en 1896, Flórez declamó en sus funerales una elegía que fue condenada como blasfémica por el obispo de Bogotá, quien propinó al poeta una seria amonestación al respecto. Su fama como trovador y personaje romántico seguía creciendo. En 1895 ya había logrado superar las dos grandes desventajas del hombre colombiano: el ser provinciano y el ser pobre. Su valor personal y su arte lo habían colocado muy alto en el panorama cultural, los críticos locales más exigentes se ocupaban de su obra, su presencia era solicitada en los círculos exclusivos de la sociedad capitalina. Las damas suspiraban o se sonrojaban a su paso, los jóvenes lo envidiaban y los escritores nóveles viajaban a Bogotá con la ilusión de conocer «al Divino Flórez», como lo llamaría «su amigo y admirador Guillermo Valencia» al dedicarle su libro Cigüeñas blancas, o escucharlo cantar (acompañado de su guitarra o al piano por su amigo el maestro Emilio Murillo), la famosa canción "Mis flores negras", cuya paternidad musical ha sido tan discutida, no así la de su texto, que ha quedado consagrado como suyo. Flórez se había convertido en el bardo de moda, amado por el pueblo porque sabía pulsar la fibra de los sentimientos de su raza. Sin embargo, su falta de cuidado y su generosidad en la entrega de sus producciones repentinas, a «tipleros y serenateros», originó que muchos poemas no terminados ni corregidos ni pulidos fueran publicados sin su permiso y siguieran circulando, lo que ocasionó un menoscabo en el nivel de calidad de su obra. Sobre este tema el severo crítico Maximiliano Grillo dijo, en 1895: «Admiramos en Flórez el poeta natural que hace estrofas armoniosas, de contornos puros, compuestas no al calor de una inspiración desordenada, sino en horas de recogimiento, cuando parece olvidarse del aplauso pasajero». Flórez también se ocupaba de los destinos del partido y blandía su pluma para participar en las luchas liberales con que la oposición intentaba rescatar un poder que permanecería perdido durante 43 años. Flórez llegó a convertirse en el poeta de los soldados en el frente e «hizo sonar siempre las cuerdas de su lira en favor de las más nobles causas políticas y sociales», según conceptos del general Rafael Uribe Uribe, cuando en 1912 le agradeció su libro de lírica heroica, Flecha roja. Pero su poesía comprometida hizo que fuera perseguido y reducido a prisión en varias ocasiones.
En medio de guerras, penurias y amordazamiento de la censura, los colombianos reaccionaban reuniéndose en cofradías o hermandades pacíficas de tipo cultural que los protegían de la aridez del presente. En compañía de seis amigos, Flórez fundó la Gruta Simbólica, comentada tertulia literaria de 70 miembros, que permaneció vigente desde fines de 1900 hasta fines de 1903, bajo la capitanía intelectual de Flórez. La inseguridad, la tensión sostenida entre las fuerzas políticas, religiosas y socioecónómicas del país, valió para que los artistas de la época, a semejanza de los poetas malditos franceses de fines del siglo XIX, frecuentaran la bohemia y en ocasiones cayeran en vicios que les atrajeron el rechazo de la sociedad o el anatema del clero. Flórez fue señalado como sacrílego, blasfemo y apóstata. Estando en el punto culminante de su carrera literaria, subió al poder, en 1904, el caudillo militar general Rafael Reyes, quien ante la ola de murmullos en su contra, le "aconsejó" abandonar el país. En 1905 Flórez tuvo que salir de Bogotá, ciudad amada y cantada en sus más hermosas rimas. Se dirigió a la Costa Atlántica, luego a Caracas, y de allí inició una gira poética por los países centroamericanos que se prolongó por dos años (1906-1907), en medio del clamor general de sus éxitos, hasta que, estando en México y dispuesto a regresar a Colombia, el general Reyes lo nombró segundo secretario de la Legación de Colombia en España, hacia donde partió en agosto de 1907. Sus pensamientos o experiencias en España y Francia (donde fue invitado a recitar en la Embajada de Colombia en París, con ocasión de la celebración de la fiesta nacional en 1908) no dejaron ningún rastro en su lírica. Su libro Cardos y Lirios, así como su ovacionado poema "La Araña", obtuvieron publicación en 1905 en Venezuela. Manojo de zarzas y Cesta de lotos fueron editados en 1906 en San Salvador, Fronda lírica, en Madrid en 1908, y Gotas de ajenjo, en Barcelona en 1909. Su actitud general en Europa fue discreta y amable. Conoció a personalidades literarias españolas y latinoamericanas como Emilia Pardo Bazán, Francisco Villaespesa, Rubén Darío, José Santos Chocano, José María Vargas Vila y Amado Nervo. Y aunque sus tendencias románticas lo colocaban en la retaguardia del modernismo en boga, su poesía y personalidad fueron acogidas con simpatía por los escritores de la Generación del 98. Pero para sus admiradores y amigos colombianos, Flórez era ahora totalmente distinto a aquel bohemio eufórico de las épocas de la Gruta Simbólica, se presentía cansado de la vida y desilusionado de los hombres y de las cosas.
En febrero de 1909 Flórez regresó a Colombia, a la que saludó en un recital en Barranquilla, y luego desapareció sin dejar rastro alguno. Los periodistas indagaron su paradero, pero nadie sabía que se había retirado al balneario de Usiacurí a tomar una cura de sus aguas medicinales. En ese primitivo pueblo se enamoró de una colegiala de 14 años de edad, Petrona, con quien comenzó un verdadero e inmortal idilio. Pero los compromisos adquiridos a su regreso de Europa lo obligaron a regresar a la capital, después de cinco años en el extranjero. Allí se presentó en una función de bienvenida en el Teatro Colón, durante las celebraciones del primer centenario de la Independencia de Colombia (1910). Fue acogido calurosamente por la crítica y volvió a obtener un grandioso éxito con su público de todas las categorías. Inmediatamente después de esta presentación, Flórez se ausentó de la capital, a la que regresó en muy contadas ocasiones para ofrecer recitales poéticos, del mismo modo como lo hizo a nivel nacional y, más frecuentemente, en la vecina ciudad de Barranquilla, donde en 1917 se editó De pie los muertos, recopilación de sus versos alusivos a la primera Guerra Mundial, que recitó en el Teatro Cisneros. En 1922 publicó allí mismo la segunda edición de su libro Fronda lírica, última obra publicada en vida, ya que Oro y ébano apareció como edición póstuma, en 1943. En la aldea de Usiacurí llevó una vida de hogar tranquila y ordenada, al lado de su esposa y sus cinco niños: Cielo, León Julio, Divina, Lira y Hugo Flórez Moreno. Para el mantenimiento de la familia, para ganar «el maldito pan», se dedicó a labores agrícolas y ganaderas en pequeña escala, que fueron reputadas como de «burguesas» por algún escritor parnasiano contemporáneo suyo, con gran molestia de su parte. Su poesía adquirió rasgos de reflexión e interiorización, según el parecer de algunos de sus críticos, aunque en el panorama total de su producción literaria se encuentran diseminados algunos poemas de contenido filosófico, como es el caso de "Resurrecciones" y "Todo nos llega tarde".
Rápidamente su salud se fue quebrantando y en el término de dos años una rebelde enfermedad le deformó el rostro, sin que fuera efectivo ningún auxilio médico prestado en Barranquilla, Bogotá o Panamá, sobre cuyo diagnóstico no ha habido ninguna certeza, pero que podría tener rasgos de un cáncer o melanoma maligno que le afectó la parótida izquierda y le dificultó el habla. Quizás los últimos cuatro meses de su vida fueron los más dramáticos. El partido conservador tomó nuevos bríos con la elección del general Pedro Nel Ospina. La Iglesia redobló las presiones ejercidas sobre el hombre debilitado por la enfermedad, encaminadas a que retomara su religión perdida, regresara a los sacramentos y contrajera matrimonio católico con su esposa, requisito sin el cual los hijos habidos de esa unión civil no eran aceptados como sus herederos legítimos, según lo estipulado en el Concordato que regía en Colombia desde 1887. En noviembre de 1922 Flórez accedió a confesarse, comulgar, contraer matrimonio católico con Petrona y bautizar a sus hijos. Ante semejante milagro, la sociedad se conmovió y en Barranquilla promovieron la coronación de Julio Flórez como poeta nacional, acto al cual accedió gustoso el gobierno del general Ospina. Pero dada la precaria salud del enfermo, esta ceremonia no se pudo realizar ni en Bogotá ni en Barranquilla, sino en Usiacurí, a donde se movilizaron altas personalidades del gobierno, la sociedad y la cultura en 163 automóviles, a los que se unieron una multitud de campesinos, trabajadores y estudiantes que querían presenciar el acto. Así, el 14 de enero de 1923, al borde del sepulcro, Julio Flórez obtuvo un honor retrasado por treinta años. Pocos días después de esta forzada ceremonia, el poeta del pueblo colombiano murió rodeado de sus familiares y amigos, el 7 de febrero. Julio Flórez ha pasado a la historia como un bardo popular, que supo interpretar los amores y los dolores de la raza colombiana bajo temas. absolutos como la naturaleza, la madre, la patria, la amada y la muerte. Su fama como «el último becqueriano», según palabras de Max Henríquez Ureña, ha desbordado las fronteras nacionales.
GLORIA SERPA-FLÓREZ DE KOLBE

(Julio Flórez Roa en Gran Enciclopedia de Colombia Tomo IX, Círculo de Lectores, Bogotá, 1993.)
Bibliografía
Serpa-Flórez de Kolbe, Gloria: “La Gruta Simbólica” en Manual de Literatura Colombiana, Tomo II, Planeta-Procultura, Bogotá, 1988. 
Serpa-Flórez de Kolbe, Gloria: “La Gruta Simbólica” en Gran Enciclopedia de Colombia, Tomo IV Literatura. Círculo de Lectores, Bogotá, 1992.
Serpa-Flórez de Kolbe, Gloria: “Todo nos llega tarde…” Biografía.Planeta Colombiana Editores, 1ª. Ed. 1994, 2ª. Ed. 1995.
Serpa-Flórez de Kolbe, Gloria: Mis Flores Negras. Antología. Planeta Colombiana, Bogotá, 1999.
Serpa-Flórez de Kolbe, Gloria: Amor en la Sombra. Novela Histórica. Ed. Kr. Séptima, Bogotá, 2002.
Flórez, Julio: Obra poética. Bogotá, Banco de la República, 1970.
Flórez, Julio: Selección de Poemas. Prólogo, Jorge Rojas. Bogotá, Colcultura, 1973.
Flórez, Julio: Poesía escogida. Selección y prólogo, Harold Alvarado Tenorio.Bogotá, Arango Editores y El Ancora, 1988.
Martínez Mutis, Aurelio: Julio Flórez, su vida y su obra. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1973.
El Caballero del Romanticismo. Edición en homenaje a Julio Flórez. Tunja, Gobierno de Boyacá, 1967.
Ordóñez, Monserrat: Julio Flórez en: Historia de la Poesía colombiana. Bogotá, Ediciones Casa Silva, 1991.
Restrepo Duque, Hernán: Gran Crónica de Julio Flórez. Bogotá, Colcultura, 1972.
Tomado textualmente de http://www.los-poetas.com/k/biojulio.htm